Mientras voy en la Micro o en el Metro

El voluntariado, en su raíz significa hacer algo por voluntad propia, entregar el tiempo por que quiero, haciendome responsable y sin esperar una retribución monetaria de por medio.

Para describir como muchas personas ven el voluntariado en nuestro país voy a usar el siguiente simbolismo o alegoría:
Hay ciertas actividades que realizamos para llenar el tiempo muerto, para darle utilidad a un espacio que ocupamos para algo, pero al parecer también puede ser optimizado usándolo para otra cosa además. Por ejemplo viajar, ya sea en micro o en metro. Cuando viajamos el fin de nuestra actividad es trasladarse y esperamos que sea lo más breve posible, pero en ocasiones es un tiempo largo que hay que “rellenar”, ya sea para no aburrirse o para optimizarlo haciendo otra cosa productiva. Así es como podemos escuchar música o jugar con el celular. También podemos revisar el Facebook, revisar las noticias, twittear o hasta estudiar o leer una novela. Aunque muchos no me crean yo lo he usado hasta para aprender un idioma, escuchando un curso de alemán (aunque reconozco que no fue mucho lo que aprendí).

El tema es que ese tiempo muerto puede ser utilizado por casi cualquier cosa, pero la prioridad no es la cosa en sí sino el traslado, así la actividad que realice puede ser cualquiera de las que he mencionado por igual, por otro lado mi disposición para la actividad durará el tiempo que dure el traslado, pero no me pasaré más estaciones de metro para revisar las fotos que etiquetaron de mí, ni me bajaré 10 paraderos más adelante para terminar el capítulo de un libro. Así también hay veces que lleve el libro “a pasear” y quizás porque está muy lleno el metro o la micro no lo pueda ni abrir, o quizás llego tan rápido a donde iba que no alcancé ni a entender el principio de lo que estaba leyendo. Pero como el fin era el traslado no me preocupo por que no pude abrir el libro.

 

Para muchas personas el voluntariado es como una actividad que se hace “mientras voy en la micro”. Porque se hace a veces cuando “sobra el tiempo”, porque se puede intercambiar por otras actividades recreativas, porque es más importante la actividad que viene después y si ésta empieza antes dejo de participar ese día del voluntariado. Así, el voluntariado parece ser una actividad de relleno, por la cual no se hacen grandes sacrificios como “bajarse una estación más adelante” para poder compartir un poco más con las personas que estoy ayudando, o conocerlas más profundamente, porque se está pensando más en la actividad que viene después. Las preocupaciones del estudio, del trabajo o de las relaciones sociales (fiestas, cumpleaños) pasan a ser como “el lugar al que uno se traslada”, porque son siempre más importantes que el voluntariado que uno está haciendo. 
Siguiendo con la analogía, algo importante de lo que no se dan cuenta quienes van en la micro o en el metro, que el voluntariado los puede llevar mucho más allá incluso que al lugar que piensan ir, mientras lo realizan. Porque de hecho, es distinto rellenar el tiempo muerto con actividades recreativas, reuniones sociales o estudio, que rellenarlo con acciones sociales de voluntariado.

Porque aunque la acción social no sea algo realmente útil, en los términos de nuestra sociedad, aunque se vea como una actividad de relleno, como algo que hacemos mientras vamos en micro, puede tener un impacto crucial en nuestras vidas. De hecho, las cosas que hacemos en nuestra vida por convicción, más que esperando una retribución monetaria detrás, son las que nos forjan. Son las que nos permiten desarrollar nuestra alteridad, nuestra proyección y entrega al otro y comprender lo que es la alter-realización, la realización a través de nuestro despliegue hacia los demás. De hecho, si hay cosas que pueden hacer perdernos en las ocupaciones y preocupaciones son el egoísmo y el individualismo, los que nos encierran en nosotros mismos, negando nuestro carácter principalmente social, que viene dado desde nuestro nacimiento, donde otra persona nos da la vida y nos acompaña en nuestros primeros pasos. 

Anuncios

El voluntariado como parte de la vida

En los últimos años, en Chile ha habido un boom en la existencia de voluntariados y en la participación de personas en ellos. El Techo para Chile es quizás la organización más importante en este sentido, en relación al número de personas que mueve. Este boom se ha dado principalmente entre los jóvenes universitarios, y algunos han llegado a especular que ha reemplazado a lo que eran años antes los partidos políticos y sus “juventudes”.

Yo tuve la suerte de participar en voluntariados durante mi paso por la universidad y le recomiendo a todos que lo hagan, ya que lo que uno aprende en ellos no se aprende en las salas de clase y sirve para toda la vida.

Actualmente me ha tocado ver mucha gente que ve las actividades voluntarias como parte de la juventud, como “cosa de los universitarios”, por lo que cuando salen de la universidad se tienden a distanciar de este tipo de actividades, lo que es completamente comprendible, observando los niveles de exigencia que existe en el mundo laboral.

A partir de esta realidad, he reflexionado en los beneficios de realizar actividades voluntarias, tanto en la vida universitaria, como cuando uno comienza a participar del mundo laboral.

En primer lugar, en el mundo capitalista y globalizado en el que vivimos, tendemos a cuantificar todo en dinero, hasta temáticas como la salud o la educación de los hijos. Así, empezamos a hablar de que “nuestro tiempo es dinero”, muchas veces priorizando trabajar para ganar un ingreso extra, en vez de aprovechar el tiempo libre en otro tipo de actividades. Así en primer lugar realizar una actividad no remunerada, como un voluntariado, al servicio de otros, nos permite valorar la entrega y el trabajo, más allá de un sueldo que espero percibir luego de realizar mi tarea. Creo que esto es un cable a tierra interesante en una sociedad consumista como la nuestra, donde comenzamos a valorar la ayuda “desinteresada”, lo que creo, permite no perderse en la vorágine del consumo y la eficiencia, que a veces nos lleva a cuantificar en dinero hasta nuestras relaciones familiares o personales.

En segundo lugar, el mundo profesional tiende a esconder el peligro de perder a las personas tras los roles, donde como un autómata uno sabe cómo relacionarse desde un rol determinado, como por ejemplo médico, con todas las características que esto lleva, y se ve a la otra persona como el “paciente”, dejando de lado otras dimensiones relevantes de la persona. Estas dimensiones que quedan fuera, a mi modo de ver, paradójicamente a veces son fundamentales para lograr el fin de la profesión determinada, como por ejemplo lo propone la antroposofía en relación a la medicina moderna. Por esta razón, creo que la ayuda social voluntaria, permite un encuentro con “el otro” o “la otra” donde se pueden traspasar roles determinados por la profesión, claro que esto depende mucho del modo en que se trabaje la ayuda social, ya que muchas veces puede caer en estigmatizaciones o rigideces que hagan perderse el encuentro entre dos personas.

Finalmente, creo importante las actividades voluntarias de ayuda social, para acercarnos a realidades de las que muchas veces queremos huir, más si somos profesionales, como realidades de pobreza, de sufrimiento o de soledad. Este escape, creo que se debe a una “analgésica de la vida” potenciada por la cultura contemporánea, donde queremos huir de todo lo que nos produzca dolor, y así también queremos alejar a nuestros hijos de todo sufrimiento, aunque muchas veces dicha experiencia podría generarles importantes aprendizajes. Así, además de no querer sentir el dolor de no tener una vida material digna, de tener alguna enfermedad crónica que nos haga sufrir o de vivir el dolor de la soledad y el abandono, muchas veces tampoco queremos ver estas realidades. Esto nos lleva a cegarnos y a negar que en nuestro alrededor, y hasta en nuestra familia, pueden existir personas que necesiten de nuestra compañía, ayuda o consuelo.

El peligro de esta situación está en que nunca existirán analgésicos que puedan hacernos olvidar todas nuestras situaciones de dolor, por lo que conocer y ayudar a personas que vivan alguna situación de sufrimiento nos puede enseñar a en un futuro poder enfrentar o darle sentido a una situación dolorosa. Por ejemplo, la vejez es una época que todos anhelamos a llegar, pero pocas veces queremos conocer y acompañar a quienes viven dicha etapa, por lo que proliferan los hogares y residencias de ancianos.

En resumen, creo que el voluntariado trae muchos beneficios al ser tomado como parte de la vida, más que como una etapa a superar o un característica de la vida universitaria, ojalá muchos pudiesen disfrutarlo como yo lo he podido hacer. 

El circo de La Mariposa

Algunas veces nosotros mismos no nos permitimos lograr nuestra plenitud, al limitar nuestro despliegue hacia la realidad y hacia los demás, al creer que no somos capaces de hacer grandes cosas. En este video, segunda parte de un hermoso cortometraje, se nos muestra de manera radical como hasta las limitaciones que creemos invalidantes e insuperables, con el esfuerzo y la convicción pueden ser superadas.

Mi Sueño de Chile, Cardenal Silva Henríquez

Me preguntan por el país que sueño o que deseo. Y debo decir que mi deseo es que en Chile el hombre y la mujer sean respetados. El ser humano es lo más hermoso que Dios ha hecho. El ser humano es “imagen y semejanza” de Dios. Quiero que en mi patria desde que el ser humano es concebido en el vientre de una mujer, hasta que llega a la ancianidad, sea respetado y valorado. De cualquier condición social, de cualquier pensamiento político, de cualquier credo religioso, todos merecen nuestro respeto.

Quiero que en mi país todos vivan con dignidad. La lucha contra la miseria es una tarea de la cual nadie puede sentirse excluido. Quiero que en Chile no haya más miseria para los pobres. Que cada niño tenga una escuela donde estudiar. Que los enfermos puedan acceder fácilmente a la salud. Que cada jefe de hogar tenga un trabajo estable y que le permita alimentar a su familia. Y que cada familia pueda habitar en una casa digna donde pueda reunirse a comer, a jugar, y a amarse entrañablemente.

Quiero un país donde reine la solidaridad. Muchas veces ante las distintas catástrofes que el país ha debido enfrentar, se ha demostrado la generosidad y la nobleza de nuestro pueblo. No es necesario que los terremotos solamente vengan a unir a los chilenos. Creo que quienes poseen más riquezas deben apoyar y ayudar a quienes menos poseen. Creo que los más fuertes no pueden desentenderse de los más débiles. Y que los sabios deben responsabilizarse de los que permanecen en la ignorancia. La solidaridad es un imperativo urgente para nosotros. Chile debe desterrar los egoísmos y ambiciones para convertirse en una patria solidaria.

Quiero un país donde se pueda vivir el amor. ¡Esto es fundamental! Nada sacamos con mejorar los índices económicos o con levantar grandes industrias y edificios, si no crecemos en nuestra capacidad de amar. Los jóvenes no nos perdonarían esa falta. Pido y ruego que se escuche a los jóvenes y se les responda como ellos merecen. La juventud es nuestra fuerza más hermosa. Ellos tienen el derecho de ser amados. Y tienen la responsabilidad de aprender a amar de modo limpio y abierto. Pido y ruego que la sociedad entera ponga su atención en los jóvenes, pero de un modo especial eso se lo pido y ruego a las familias: ¡No abandonen a los jóvenes! ¡Escúchenlos, miren sus virtudes antes que sus defectos, muéstrenles con sus testimonios un estilo de vivir entusiasmante!

Y por último, quiero para mi patria lo más sagrado que yo puedo decir: que vuelva su mirada al Señor. Un país fraterno sólo es posible cuando se reconoce la paternidad bondadosa de nuestro Dios. He dedicado mi vida a esta tarea: que los hombres y mujeres de mi tierra conozcan al Dios vivo y verdadero, que se dejen amar por El y que lo amen con todo el corazón. Quiero que mi patria escuche la Buena Noticia del Evangelio de Jesucristo, que tanto consuelo trae para todos.

Este es mi sueño para Chile y creo que con la ayuda de María, ese sueño es posible convertirlo en realidad.

Santiago, 11 de noviembre de 1991